La madre de todas las cuestas
A punto de precipitarnos en las Navidades, muchos ya piensan en el fatídico “día después”: la cuesta de enero. Los rigores a los que nos vemos sometidos tras los desatinos gastroeconómicos que perpetramos en la época de los villancicos, van unidos en nuestra mente a la idea de una pendiente acusada y muy cuesta arriba.
No es atrevido suponer que los habitantes de Baldwin Street, en Dunedin, ciudad del sur de Nueva Zelanda, hagan bastantes bromas al respecto de su mala suerte, pues, para ellos, la cuesta se prolonga mucho más allá del primer mes del año.
Los poco más de 350 metros de esta famosa calle poseen una inclinación de 19º, o lo que es lo mismo, una pendiente del 35%, o lo que es lo mismo, por cada 2,86 metros recorridos, ascendemos uno. Teniendo en cuenta que las rampas más acusadas que afrontan los ciclistas en los puertos de montaña son del 20 %, puede uno hacerse una ligera idea de lo que supone vivir en la calle de marras. Aunque parece haber cierta controversia al respecto, la calle ostenta, cómo no, el récord de calle con más pendiente del mundo. 
La tortura metropolitana no fue premeditada, sino que más bien fue producto de cierta incompetencia burocrática. Parece ser que los planos de la ciudad, como los de muchas otras partes del país, se diseñaron a finales del siglo XIX siguiendo unos patrones que no tenían en cuenta el terreno, habitualmente por técnicos en Londres. Una muestra de pobre eficacia que convirtió Baldwin Street en la tortura de los carteros.
Fotos wikipedia

