Rávena, la antigua capital del Imperio Romano de Occidente

Situada a poco más de 70 kilómetros al este de Bolonia y a 145 al sur de Venecia, Rávena desempeñó un papel fundamental en la historia de la cultura occidental, rol ejemplificado por sus monumentos bizantinos y paleocristianos, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
En Rávena se encuentran también los mosaicos más famosos del arte occidental. Elaborados entre los siglos V y VII, estos magníficos mosaicos bizantinos nos hablan del esplendor de esta ciudad que llegó a ser la última capital del Imperio Romano Occidental hasta la caída de Roma en el siglo V.

Hoy, la ciudad parece vivir ajena a este papel, y parece un tanto despreocupada por los inigualables tesoros artísticos que pueblan sus museos y sus iglesias, algo que facilita la visita de los amantes del arte en un ambiente libre de colas e incómodas multitudes, donde el turismo casi parece algo accidental.
Sencillos edificios de ladrillo rojo contrastan con el esplendor y el refinamiento de los mosaicos que albergan en su interior. Pequeñas piezas de cristal, mármoles de colores y piedras semipreciosas fueron delicadamente tallados para adornar las épicas proporciones de dichos mosaicos.

Estas preciosas tapicerías de mosaicos, que fueron encargados por los gobernantes bizantinos con el fin de que Rávena superara a sus ciudades rivales, pueden admirarse en seis lugares, aunque los más visitados son dos: la Tumba de Gala Placidia, del siglo VI, y la contigua basílica de San Vital, construida por Justiniano I y considerada por muchos como la cima suprema del arte bizantino en el mundo entero.

Cabe destacar también el imponente edificio de la basílica arriana, construida por Teodorico (hoy dedicada a San Apolinar) y la basílica de San Apolinar, situada en las proximidades de la ciudad y que pertenecía al puerto de Clase, hoy desaparecido. Este edificio es más antiguo que las basílicas de la ciudad.

